UN BARCO MÁGICO POR SAN JUAN

Como os conté en Facebook, cuando era pequeña mi padre me enseñó cosas maravillosas, pero quizás ésta es una de las más originales, por eso se la dedico a él.

En la noche de San Juan, cada año, ponía junto con mamá, a las 00:00 horas, un vaso largo con agua y dentro la clara de un huevo. Lo dejábamos al relente toda la noche sin remover y al día siguiente a la mañana era todo un misterio lo que sucedía. Lo que aparece es un barco donde las velas es la clara de huevo y el agua la botella que lo encierra.

Cuando mi madre y sus hermanos eran pequeños, en la noche de San Juan, mi abuelo, en Astillero (Santander) preparaba la ceremonia del mismo modo. Y mi padre lo aprendió de mi madre cuando se conocieron. Si algún día soy madre, se lo enseñaré a mis hijos, pues seguro que les fascina igual que a mí año tras año, pues cada año el barco es diferente.

Espero que lo hagáis el año que viene, seguro que los más pequeños de la casa alucinan y es un buen momento para pasar en familia.

Mi particular homenaje al Día Mundial del Huevo

“Huevo frito a lo Arguiñano”

Una de las particularidades que tengo es que me gusta hacer de casi todo. Es por eso, que tuve una época en que me dediqué a pintar cuadros (con pintura acrílica), para poder ponerlos en las paredes, porque no tenía. Tampoco tenía dinero para comprarlos, así que, pensé que por qué no pintarlos yo misma. También regalé alguno a los amigos.

A mi abuelo también le dio por pintar y la verdad es que sus cuadros son preciosos. Un día os mostraré alguno de ellos.

Bueno, pues con este cuadro quiero hacer mi homenaje particular al huevo y a Arguiñano con su perejil (que no falte). Porque empecé a coger el gusto por la cocina (y a hacer mis primeros pinitos), cuando estuve de estudiante en Salamanca, mientras veía a Karlos Arguiñano (a medio día). A él le agradezco esas cosas tan interesantes que aprendí, porque si no es por él (y por algunas recetas que me enseñó mi madre) no hubiera cogido un “palo” en la vida.

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Sabor a verano, hace unos cuantos veranos ya…

¿Os habéis preguntado alguna vez quienes serían las primeras personas a las que se les ocurrió hacer un gazpacho?

Pues sobre ello me he preguntado y he intentado encontrar unas cuantas curiosidades de este plato tan característico de la cocina española en general y de la andaluza en particular.

Retornar a Al-Ándalus (711-1492) es la clave, aunque los ingredientes diferían bastante de lo que ahora conocemos como gazpacho. Migas de pan, ajo, aceite de oliva, vinagre, agua y sal. Con estos ingredientes bastaba para hacer un gazpacho en aquella época, ingredientes admitidos por la cultura musulmana. ¿Podéis cerrar los ojos e imaginar el sabor que podría tener dicho brebaje?

Cabe decir, que en esta época no podían preparar el gazpacho como nosotros lo preparamos, entre otras cosas, porque aún no se había descubierto el Nuevo Mundo (América) y, entonces, los tomates (lo que en la actualidad consideramos nuestro ingrediente principal) y los pimientos, no era posible conocerlos.

¿No echáis de menos ningún otro ingrediente? El pepino. La procedencia del pepino es bien distinta. Se cree que tiene su origen en la India. De allí llegó a Grecia y, con los cultivos extensivos de la época del Imperio Romano, se extendió por todos los territorios ocupados, lo cual incluía a España. Desde aquí se llevó al Nuevo Mundo en tiempos de la colonización (1492, año del descubrimiento de América).

No es hasta finales del s.XVII cuando empiezan a cultivarse los tomates en grandes cantidades, sobre todo en el sur de España. Y se incorporan al gazpacho bastante más tarde, hacia comienzos del s.XIX. Sin embargo, si que se preparaban ya en esa época ensaladas con tomates y otros vegetales.

El gazpacho, “Typical Spanish”, se ha extendido en nuestros días por casi todo el mundo. Junto con otros platos estrella de nuestra gastronomía, marca nuestro sello de identidad. Se dice que nuestros “vecinos” galos, Francia, lo conocieron por medio de Eugenia del Montijo (Reina consorte y esposa de Napoleón III).

Un plato fresco, casero que me recuerda la piscina, la playa, el calor, las sombrillas, los helados y el sol. Un plato que no puede faltar en nuestras casas.

Un plato con sabor a verano.