Cerveza Bizarra, la cerveza charra 100% artesana

La cerveza artesana Bizarra nace de la ilusión, el emprendimiento y el buen trabajo e investigación de unos emprendedores que elaboraban su propia cerveza para consumo propio. Piru y Arantxa empezaron haciendo 20 litros cada 15 días y como tenía muy buena aceptación entre los amigos y familiares decidieron montar su propio negocio de cerveza artesana.

Comenzaron fabricando de 500 a 1000 litros al mes y ahora ya elaboran más de 1500 litros. Esto depende de la demanda y hay que tener en cuenta que los lotes tardan 40 días en estar listos. Tienen habitualmente un lote en el fermentador, un lote en almacén y otro lote etiquetando, de tal manera que haya una continuidad en el proceso.

La diferencia de estas cervezas artesanas con las industriales es abismal, tanto en sabor como en aroma. Las cervezas industriales llevan ingredientes como extractos de lúpulo, maíz… cosa que las cervezas no deberían tener estos ingredientes, no son 100% malta y lúpulo. Qué pasa, que estos ingredientes son mucho más económicos, por lo que el gasto de producción es menor.

La malta es cualquier tipo de cereal malteado. Se pueden maltear diferentes cereales, los más utilizados cebada, trigo o arroz (como las cervezas japonesas). Maltear es primero germinar y después tostar. Germinar el grano. Se suele utilizar de base la cebada malteada y después se le añade la proporción que la receta requiera de otro cereal. El malteado también tiene diferentes grados de tostado por lo que los sabores serán diferentes según se utilicen a la hora de elaborar una receta.

Las cervezas artesanas Bizarra utilizan en sus recetas malta, agua, levadura y lúpulo (lo que le aporta el aroma y el amargor tan característico de la cerveza). No llevan nada más, ingredientes totalmente naturales. Para cada tipo de cerveza que fabrican mezclan 4 o 5 estilos distintos de malta y 4 o 5 tipos de lúpulo, los ingredientes son secretos. Dependiendo de en qué momento de la cocción se le añada te da unos matices de sabor u otros. El agua es importante porque dependiendo del tipo de agua el estilo de la cerveza es distinto. Hoy en día se puede simular el tipo de agua de diferentes zonas geográficas mediante la química pero lo ideal es utilizar el agua de donde la fabricas y si es de calidad, únicamente, quitar el cloro y los metales pesados.

En el proceso de elaboración de la cerveza primero se rompe la cáscara al grano para que salga ese embrión del que hablábamos antes. Se calienta el agua y una vez que alcanza la temperatura que estima oportuna el maestro cervecero se añade el grano. Entonces el grano se deja macerando durante un tiempo (puede ser una hora, hora y media, lo que estime el maestro cervecero para la elaboración de cada receta) y en ese proceso se extraen el almidón y los azúcares del grano que después se convertirán en alcohol. Cuando pasa el tiempo de maceración se pasa a otro tanque y se separa el mosto del grano repitiendo el proceso varias veces para que se filtre bien. Después se devuelve a otro tanque y se sigue cocinando. Dependiendo de la temperatura a la que se cocine las cervezas tienen más o menos cuerpo y serán más o menos secas. Hay que controlar bien la temperatura para que se extraigan bien los azúcares y almidones.

Después se añade el lúpulo. Dependiendo del momento en que se eche el lúpulo tendrá unos matices u otros. El siguiente paso es filtrarlo, pasarlo a los fermentadores y añadir la levadura. Y para esto, antes hay que bajar la temperatura de la cerveza mediante un sistema de tuberías de por las que pasa agua fría. Una vez enfriada a la temperatura deseada la pasan la fermentador y echan la levadura para que se active y no se muera. La levadura se va comiendo los azúcares y así se genera el alcohol. Cuando se sabe la cantidad de azúcar que se tiene ya se puede calcular la graduación alcohólica que tendrá la cerveza. Así cuanto más grano echemos más graduación alcohólica tendrán las cervezas. La levadura trabaja durante 4 días y cuando se van terminando los azúcares la levadura se va degradando y cuando cae al fondo del fermentador se saca. El CO2 que se genera en el fermentador sale por la parte superior. En estas cervezas no se añade gas sino que se genera de forma natural.

De los fermentadores pasa la cerveza a la sala de embotellado. Es una labor totalmente manual, incluso el poner la chapita y el etiquetado. La limpieza es muy importante en todo el proceso y en este paso en especial. Se limpian las botellas, se rellenan de cerveza por gravedad y después se coloca la chapa una a una.

Esta cerveza se conserva estupendamente, al ser natural y no estar pasteurizada las levaduras están vivas. Sanidad obliga a poner una fecha de caducidad pero nos aseguran que la cerveza se podría consumir pasada esa fecha. Hasta 5 años después la cerveza está buena, puede perder algunas propiedades pero se puede consumir perfectamente. Por ejemplo, las cervezas que son muy lupuladas, el lúpulo, que es muy aromático, se deja de notar. Pero en las cervezas que son muy maltosas, años después pueden estar incluso más ricas (como el vino), los sabores van cambiando y la cerveza va envejeciendo.

Se elaboran varios tipos de cervezas y cada una es un mundo diferente. Rubia, Tostada, Red Demon, Black, Trigo… Incluso elaboran una mermelada de cerveza rubia ideal para acompañar quesos o carne de caza.

En Bizarra les gusta experimentar diferentes técnicas para fabricar su cerveza. Una de las cervezas más curiosas la fabrican en temporada de invierno y sólo la comercializan durante ese tiempo. Es una cerveza de 9% vol. con aroma y sabor a bourbon. Es una cerveza que primero se elabora y después se mete durante 5 meses en barricas de roble americano (traídas de EEUU) que se han utilizado para elaborar el licor de bourbon al menos hasta tres veces.

La cerveza sigue fermentando en las barricas y gracias a un sistema dejan que salga el CO2 pero no entra ninguna bacteria, similar a la elaboración tradicional del vino. Es una cerveza de invierno para tomar a una temperatura de unos 10ºC. Es una cerveza que no está en el mercado siempre porque quieren asegurarse que las condiciones en las que la cerveza vaya a estar sean las optimas tanto en temperatura como a la hora de servirse.

Si tenéis la oportunidad os recomiendo que las probéis. Un placer poder visitar la fábrica, lo agradecemos Bizarra.

Alicante, un viaje diferente

Video-Crónica

Hace un día estupendo, la temperatura es muy agradable. La gente comienza a bajar a la Playa del Postiguet a primera hora de la mañana. Nosotros aprovechamos para dar un paseo por las calles de la ciudad, desayunar y cargar pilas. Nos espera un día lleno de actividades, lugares y, como no, gastronomía.

Nos acercamos al Mercado de Abastos de Alicante. Fue construido en 1921 y, en 1938, fue uno de los edificios bombardeados por la aviación fascista italiana durante la Guerra Civil española. Es por eso que, la plaza situada en la parte posterior, lleva el nombre de Plaza de 25 de Mayo en memoria a las victimas civiles.

El mercado de Alicante es enorme. Llama la atención su construcción y la cantidad de puestos que tiene. Dividido en dos plantas, en la parte superior una gran selección de carnes, embutidos, quesos, huevos… En la parte inferior, están los pescados y las frutas y verduras. En la zona de pescados encontramos también las conservas, los salazones y las mojamas, tan típicos de la comunidad Valenciana. Hay una gran variedad de pescados y mariscos    y mucha calidad. Y, es que, en una ciudad de costa (como Alicante) el pescado no puede ser más fresco. Parece que está vivo.

Las frutas y verduras también son de lo más variado. Y encontramos muchos productos de la Comunidad Valenciana. Cerezas, nísperos, ciruelas… y los “perucos de San Juan”, que son como pipas (se comen uno tras otro).

Dejamos el mercado y vamos a tomar un aperitivo a la Cervecería El Cantó, un establecimiento que lleva más de 30 años funcionando y que es un punto de referencia de la hostelería alicantina.

Un espacio no muy grande pero bien estructurado decorado en madera con mesas altas y varios espacios de barra donde poderse sentar a disfrutar con los amigos de una cerveza bien fresquita y un pincho muy rico.

Su propietario, Miguel García Navarro, “Hijo Adoptivo” de la ciudad de Alicante, lleva toda la vida trabajando en el mundo de la hostelería y asegura que esta profesión <<hay que sentirla y vivirla>>.

Los pinchos y montados están todos buenísimos y son muy variados. Nosotros probamos algunos de ellos y, sin duda, el ganador fue la “Pelota con sopa de cocido”, por su sabor, su textura blandita y jugosa, porque estaba de aplauso. Aunque todos estaban buenísimos…

Croquetas de bacalao, Cervecería El Cantó.

Montado de Anchoas con tomate, Cervecería El Cantó.

Montado de La Casa, Cervecería El Cantó.

Pelota con Sopa de Cocido, Cervecería El Cantó.

Aprovechamos la tarde y vamos dando un paseo por la Rambla hasta la Explanada. En la Explanada, suelen estar los puestos de artesanía y hay un escenario en el que, en ocasiones, hay actuaciones al aire libre.

Entre cientos de transeúntes, nos encontramos con EL MINUTERO. José Luis Navarro Martín, dejó el mundo de la hostelería para vivir de su pasión, la fotografía. Una fotografía muy especial.

(Entrevista a José Luis Navarro Matín, EL MINUTERO DE LA EXPLANADA)

Sus fotos nos transportan por unos instantes a otra época. Nos dio una clase práctica y nos enseñó cómo funcionan estas cámaras antiguas tan bien conservadas y restauradas. Además de hacer fotografía con estas cámaras, Jose Luis Navarro, se dedica a reconstruir estas joyas tan preciadas con un acabado profesional y cuidando el detalle. El proceso para obtener la foto final es muy interesante y totalmente manual, por supuesto. Un recuerdo para tener en nuestro escritorio.

Atravesando la plaza del Ayuntamiento llegamos al Casco Antiguo. Sus calles son mágicas.

Al atardecer, disfrutamos de las preciosas vistas que tenemos desde el Parque de la Ereta. Un paseo romántico rodeados de árboles frutales y plantas aromáticas.

En lo alto del monte se encuentra el Castillo de Santa Bárbara (que se puede visitar).

Bajamos de nuevo a la ciudad y tomamos una horchata de chufa en la Horchatería AZUL, maestros artesanos desde 1942.

Un pequeño, pero encantador local, en el que podemos disfrutar de una de las mejores horchatas de chufa que he probado en mi vida. En este negocio familiar todo el proceso de elaboración, tanto de las horchatas como de otros productos, se hace de forma tradicional.

Nos despedimos de Alicante no sin antes pasar a por un “Pollo a l´ast”, un pollo asado vuelta y vuelta en el Pollastre Alicantí, donde la familia Carretero-Antón lleva preparando pollos asados más de 50 años, desde 1964.

Un plato delicioso para llevar y despedirnos.

Hasta pronto Alicante.

FIESTAS DE VALLADOLID: HISTORIA, CULTURA, ARTE Y GASTRONOMÍA

Valladolid, capital de provincias de la Comunidad Autónoma de Castilla-León. Ciudad de historia, de cultura, de arte y de gastronomía

En Valladolid nació Enrique IV (1425), se casaron los Reyes Católicos (1469). En Valladolid nació Felipe II (1527), Felipe IV (1605) y su hermana Ana que reinaría en Francia. En Valladolid vivió Miguel de Cervantes y murió Colón.

Podemos visitar muchísimos lugares en esta ciudad, pero sin duda merece la pena pasear por el Campo Grande, el “pulmón” de Valladolid.

Visitar el estanque de los patos y cisnes mientras nos comemos un barquillo.

Subir a la cascada, pararse a ver la variedad de pájaros de la Pajarera o acercarse a la Faisanera por donde caminan los más bellos pavos reales. Para los más mayores se organizan actuaciones en la Pérgola, donde se colocan terrazas alrededor de la Fuente del Cisne durante los meses de buen tiempo.

Valladolid, una ciudad para disfrutar de la arquitectura y belleza de sus iglesias: su Catedral, de estilo herreriano; la Iglesia de San Pablo y el Convento de San Gregorio, de estilo renacentista; la Iglesia de San Martín, con su torre románica; la Iglesia de Nuestra Señora de La Antigua que, aunque la iglesia actual de estilo gótico isabelino sustituyó a la antigua en el s. XIV, conserva la torre y el pórtico de estilo románico; La Iglesia de San Benito, también de estilo gótico aunque la fachada se construyó más tarde en el s.XVI y posteriormente se derribó la torre superior por su estado de ruina en el s.XIX. Y el poderío de sus palacios, como el Palacio de Pimentel o El Palacio de Santa Cruz.

Valladolid, ciudad de arte. Entre sus museos podemos destacar: el Museo Nacional de Escultura (con las tallas más preciadas de Gregorio Fernández, Juan de Juni y Alonso Berruguete, máximos exponentes del manierismo expresionista y del naturalismo barroco), El Museo de la Ciencia y el Museo de Arte Contemporáneo Español o Museo Patio Herreriano.

Podría contar tantas cosas de Valladolid… ciudad de cultura, con una de las mejores universidades de toda España y de Europa. Ciudad de escritores (como Miguel Delibes, entre otros), de cine (pues se celebra cada año la SEMINCI, Semana Internacional del Cine de Valladolid, donde se entrega la prestigiosa Espiga de Oro), ciudad de artistas (Lola Herrera, a quien vimos representar en uno de sus mejores papeles la novela de “Cinco horas con Mario”, magistral interpretación),…

Septiembre. Se acaba el verano y, qué mejor forma de volver a la rutina que disfrutar de las ferias de tu ciudad. Las Fiestas de Nuestra Señora la Virgen de San Lorenzo, patrona de Valladolid (aunque yo las conocí como las Fiestas de San Mateo, hasta que en el año 2000 las cambiaron de fechas y las llamaron así en honor a la Virgen de San Lorenzo, cuya festividad se celebra el día 8 de septiembre).

Durante la Feria de Día podemos disfrutar de los pinchos más ricos en las casetas y bares que participan en ella. La gente disfruta así al aire libre de su cañita y su pinchito mientras te reúnes con los amigos o te encuentras con gente conocida. En Valladolid la gastronomía es muy variada, pero seguro que si nos hablan de Lechazo (de los mejores que he probado yo le sirven en el Restaurante La Solana, en la zona de La Antigua), Sopa Castellana (sopa de ajo), quesos o un buen pan acompañado de una copa de Ribera de Duero, sabemos de qué nos están hablando.

Paseando desde la Plaza de Zorilla a la Plaza Mayor recorremos la Calle de Santiago, zona peatonal donde podemos encontrar las tiendas de las firmas mas conocidas. Llegamos a la Plaza Mayor y contemplamos a nuestro alrededor. Es una bonita plaza semipeatonal (pues por la calle que circulan coches solo pueden ir taxis y autobuses). Descansamos y aprovechamos para tomar un café con leche en el Café del Norte, un mítico café que, desde 1861, ha visto como la ciudad de Valladolid ha ido creciendo y evolucionando y que también se ha ido renovando con los años hasta lo que conocemos hoy.

Modernizado en estética pero con ese recuerdo de lo que el Café del Norte siempre ha sido, un lugar con elegancia y con solera.

Un lugar con un encanto especial, donde tomarte un café y disfrutar de la lectura del periódico en la mañana o disfrutar de su carta en el restaurante y donde poder disfrutar de una copa por la noche.

Dejamos la Plaza Mayor para continuar por la Calle Pasión hasta la Calle de la Caridad (a mano derecha) que nos lleva a la Plaza de Coca. La Tasquita, uno de los sitios que no pueden faltar en tu ruta de pinchos (sus montaditos y tostas son espectáculares).

En la Plaza de Coca (que también es peatonal), podemos encontrar varias casetas durante la Feria de Día. Paramos en La Teja, sus “necoras”, o pulguitas de rabas están riquísimas y crujientes. Bajamos la Calle de Correos y hacemos una parada en La Mina, me encantan las setas y también es buen lugar para cenar con los amigos de tablas (son muy variadas).

Muy cerca, justo a la vuelta, en la Calle Jose Antonio Primo de Rivera, encontramos El Ceyjo.

Es un sitio de toda la vida y, aunque lo han reformado recientemente, no podemos dejar de acercarnos a tomar unas de las mejores croquetas caseras de Valladolid.

Eso sí, acompañadas de una copa de Ribera de Duero o una cañita. Durante la Feria de Día tienen la caseta justo en la Calle Correos.

Antes de dejar esta zona nos acercamos a La Sepia, en la Calle Jesús, otro de los lugares de toda la vida donde podemos comernos, como ya su nombre indica, su especialidad, una buena sepia a la plancha con ali-oli.

Nos acercamos hasta la Calle san Benito, donde se encuentran el Mercado del Val (construido en el s. XIX) y la Iglesia de San Benito. En esta zona también se puede disfrutar de las casetas de la Feria de Día. Muy buenas las alubias con almejas de El Postal (los quesos que tienen son espectaculares).

Dejamos esta zona y nos vamos a la zona de la Catedral, donde encontramos el restaurante La Buena Moza, en la Calle Cascajares. Me encantaron los paraguas que tenían en la calle a modo de decoración colgados. Estaban colgados de cables pero de lejos era como si estuvieran suspendidos en el aire.

También disfrutamos del Café Berlín, uno de los lugares más pintorescos (y es que a menudo se muestran diferentes exposiciones de escultores, pintores, fotógrafos…) para tomar un café o una copa después de comer.

En las Fiestas de Nuestra Señora de San Lorenzo podemos disfrutar de otras actividades ociosas a la par de gastronómicas. Las Casetas Regionales, que las colocan todos los años en la explanada del Estadio José Zorrilla. Destacar la Caseta Regional de Cantabria.

Qué decir de su riquísimo cocido montañés y su dulce quesada pasiega.

Junto a ellas, el Real de la Feria, que lo ocupan las atracciones y casetas de ocio. Rematamos y de postre tomamos un vasito de vino cariñena de los maños. Lo mejor de todo, es mojar el barquillo y comerlo empapado en vino.

También podemos participar de diferentes juegos donde puedes llevarte algún que otro premio para casa. Yo este año me llevé un simpático perrito piloto que me hizo mucha ilusión recordándome una vez más a mi infancia.

Espero que el año que viene, me vuelva a tocar.

Aprovechando que el Pisuerga (río) pasa por Valladolid, me despido con una de las mejores vistas de esta ciudad (si no es la mejor). El Río Pisuerga a su paso por Valladolid con la Plaza del Milenio y el Puente de Isabel la Católica.

Unas vacaciones diferentes….

Agosto, mes que nos trae cosas a la cabeza como: verano, calor, playas, sombrillas, chiringuitosVacaciones, en definitiva (para quien puede tomarse unos días de relax).

Aunque éste es el verano ideal para la mayoría, somos muchos (también) los que reservamos los días de playa para temporadas con menos masificación y decidimos plantearnos las vacaciones de forma muy diferente, huyendo a su vez del calor de las ciudades del interior.

Por eso, cada vez más gente, incluso familias al completo, optan por modelos vacacionales que combinan las rutas de montaña con las actividades de camping. Cambiar así las playas por los ríos, y los chiringuitos por tranquilos picnics rodeados de paisajes verdes, acompañados del rumor de las aguas del río y los sonidos de la naturaleza al caer la noche.

Nuestra aventura empieza en Santa Marina de Valdeón, en el Valle de Valdeón, provincia de León. Acampamos en el Camping el Cares, rodeados de montañas y del agua que las cruza.

Un maravilloso despertar, camping tranquilo y no excesivamente grande.

Dotado de todos los servicios necesarios y con un trato muy bueno, facilitandonos toda la información necesaria de la zona a visitar, así como diferentes rutas de senderismo y puntos de interés cultural. Además aceptan perros, por lo que viajar con tu mascota es un placer añadido. Es agradable cenar mientras se pone el sol y cae la niebla.

Decidimos realizar la Ruta del Cares desde Caín (León) a Poncebos (Asturias). Espectacular senda tallada en la montaña e impresionante desfiladero que recorre el río que lleva su nombre (Río Cares).

Una de las rutas de senderismo más bonitas de Europa. El desfiladero del Cares posee una orografia y un sustrato muy especiales, lo cual ha servido de refugio a muchas plantas a lo largo de los años y de los cambios climatológicos sufridos en los Picos de Europa a través de su historia geológica. De entre las especies de plantas que podemos encontrar cabe destacar el Espino, el Rosal Silvestre, el Madroño y las Encinas de El Cares, éstas últimas espectacularmente ancladas a las rocas.

Su fauna no es menos variada y además de el Lobo Ibérico (población que empezó a recuperarse en las últimas décadas del s.XX), podemos encontrar zorros, cabras montesas y aves protegidas como el Alimoche.

Recomendable entre semana para evitar las aglomeraciones de los fines de semana y días de fiesta. La ruta completa de ida y vuelta son aproximadamente 22 km. Aconsejable llevar agua suficiente para todo el recorrido así como comida. También calzado y ropa cómoda. Es aconsejable realizar la ruta los meses que no llueve y hace mal tiempo ya que el peligro de desprendimientos se advierte durante toda la ruta por la seguridad de los viandantes.

Desde Caín hacia Santa Marina de Valdeón hacemos una parada en un lugar de interés cultural. “El Chorco de los lobos”.

El Chorco es una antigua trampa para cazar lobos situada estratégicamente en el Monte de Corona, donde la espesura del bosque (poblado de robles, fresnos, tilos, olmos, arces…) y la presencia de ganado en los fríos meses de invierno atraían al depredador hambriento. La escarpada orografía del terreno, así como una rígida organización vecinal posibilitaban la captura del cánido. A principios del s.XVII (1610), las Ordenanzas de Montería (de obligado cumplimiento para los vecinos del Concejo de Valdeón), regulan el papel de los integrantes de la cacería: “por lo menos uno por cada familia y todos los varones de entre 16 y 65 años”. Así monteros, buscas, choceros, enramadores y espías (bajo la dirección de los monteros menores de cada pueblo y del montero mayor) coronaban la batida con éxito.

La población del Lobo Ibérico (canis lupus signatus), comenzó a recuperarse en las últimas décadas del s.XX, aunque de nuevo surgen los debates entre los que ven mermadas sus reses y los que quieren que se conserve la especie evitando matanzas como las que padecen estos bellos y salvajes animales de los que un día las montañas fueron su casa y el bosque y los pastos su despensa de alimento en los duros meses de invierno. Ojalá fuera posible un equilibrio para que no tengamos que lamentar la pérdida de una especie tan valorada en nuestra Península como lo es el Lobo Ibérico y que los ganaderos no sufrieran los ataques por parte de los cánidos.

Nuestra aventura nos lleva a Potes, en la Comunidad de Cantabria. El municipio más pequeño de la comarca de Liébana, aunque a su vez lugar estratégico en plena confluencia del Río Quiviesa con el Río Deva.

La mayor parte del pueblo posee cuestas muy pindias (con mucha pendiente) y casas con balcones de madera adornados con flores de diferentes colores, lo que hace de Potes un pueblo con un encanto especial.

Dedicados en su mayor parte al sector servicios, sus habitantes, gentes nobles y amables, viven rodeados de un paisaje tan envidiable como los Picos de Europa y los Valles de Valdeprado, Cereceda, Valdevaró y La Hermida.

Tienen una gastronomía basada en los productos de la zona, ya que además tienen un microclima que les permite tener huertas con hortalizas, legumbres, patatas y árboles frutales como las higueras o guindos. De éstos últimos se consigue el tan preciado Orujo de Potes o también conocido como licor de Guindas.

Merece la pena dar un paseo a lo largo del camino fluvial.

Los lunes hay mercado, lo cual es interesante por si nos encontramos por la zona y queremos comprar alguna cosa necesaria o productos típicos. La arquitectura monumental se completa con la bella Torre del Infantado y también la Torre de Orejón de la Lama. Cabe destacar también la Iglesia gótica de San Vicente.

Hacemos noche en el Camping San Pelayo, camping agradable, con todo tipo de servicios y piscina. Conviene llamar en fechas de vacaciones, pues tanto éste como los otros campings que se encuentran en Potes suelen tener bastante afluencia de campistas. El Restaurante está fenomenal, donde también se pueden comprar algunas cosillas necesarias, así como tienen una selección de algunos de los quesos de la zona y otros productos típicos.

Retomamos la carretera y nos dirigimos camino de Santander. Para llegar tendremos que pasar el Desfiladero de La Hermida, pero antes de llegar hacemos una parada en Lebeña, municipio cuya historia esta totalmente relacionada a la de su iglesia, Santa María de Lebeña, joya del arte mozárabe en España. Hay que decir que ni la torre que se encuentra a su lado, ni el pórtico por el que se tiene acceso a ella, ni la sacristía adosada a la pared norte de la nave izquierda son de la época de la que data la iglesia (que aunque no es totalmente seguro, se cree que la iglesia de Santa María de Lebeña se construyó hacia el año 924).

Proseguimos el camino a través del Desfiladero de La Hermida. Su sinuosa carretera hace si cabe más espectacular el paisaje rocoso. Llegamos a La Hermida, donde decidimos darnos un baño en el río. Podemos encontrar unas pozas de aguas termales donde es agradable darse un baño y seguir con nuestra ruta.

A medida que nos vamos acercando a la costa se empieza a notar más la humedad en el ambiente. Después de buscar entre unos cuantos campings en la costa (todos completos o con acceso prohibido a perros) encontramos un camping en Ajo, Camping Cabo de Ajo (cerca del faro) donde poder pasar una noche. Camping tranquilo más alejado de la masificación de la costa en zonas como Loredo, Somo… lo cual también hace imposible la aceptación de mascotas en la mayoría de los campings. Bastante nuevo, tiene todos los servicios necesarios en un camping además de piscina. Aunque acampamos cerca de la carretera, no es una vía muy transitada, por lo que no fue un inconveniente como pensamos en un principio.

No podíamos abandonar la costa sin pasar por El Puntal II a tomarnos una caña y unas rabas. Mítico sitio de raciones donde ponen unas de las mejores raciones de rabas, en mi opinión, de toda Cantabria. Solía pasar con mis padres y mi familia por allí a medio día al volver de la playa antes de comer a tomar el aperitivo. Se conserva tal y como lo conocí hace por lo menos 20 años, tiene un amplio comedor donde se puede comer de carta o el menú del día. Sin duda, un lugar que me trae muy buenos recuerdos a la cabeza.

Aconsejados por unos familiares (después de comernos una buena Marmita de Bonito con las maravillosas vistas de Peñacabarga), y puesto que nos encaminamos de nuevo hacia el interior de la Comunidad de Cantabria, hacia los Valles Pasiegos, decidimos acampar en el Camping Lunada, en San Roque de Riomiera.

He de decir que mi opinión de este lugar va a ser totalmente subjetiva, puesto que el lugar me ha atrapado tan positivamente, que no puede ser de otro modo. El lugar, un camping no muy grande rodeado completamente de árboles, de naturaleza en estado puro. El susurro de las aguas del Río Miera, el oxígeno puro, los sonidos de la naturaleza y los campanos (cencerros) de las vacas pasiegas durante la noche en las laderas, nos hacen dormir en un estado de relajación total.

Podemos darnos incluso un baño en unas pozas que hay en el río si caminamos un poco hacia abajo del mismo por un camino verde que va por la ribera. Es un lugar increíble donde no pasa el tiempo.

Al despertar desayunamos un café con leche y pedazo de bizcocho casero riquísimo y esponjoso. Cogemos el coche y nos dirigimos al Alto del Caracol, desde donde muy cerca sale el camino de la Ruta de las Cabañas Pasiegas. Un paseo muy agradable entre prados verdes, vacas y cabañas pasiegas. Algunas de ellas, nos llamó la atención, se vendían.

Nos acercamos hasta Selaya a comer. Comemos en el Restaurante El Español. Un buen lugar para probar el Cocido Montañes y la Chuleta de Ternera a la Piedra. Para rematar un tarrito de Crema Pasiega, un Orujo de Higos y café con leche. Un buen lugar para comer.

Nada mejor para bajar la comida que dar un paseo por el pueblo y acercarse a El Macho a comprar algunos productos típicos de la comarca: Sobaos, Quesada, algún queso típico (Quesuco Pasiego y Divirín), Mermelada de higos y avellanas y Guarnición Silvestre (de Vega de Liébana)… Algunas cosas que no puedes dejar de probar si te acercas por esta zona. Siempre elaborados de forma tradicional y con las mejores materias primas. Un privilegio para el paladar.

Segunda noche en el Camping Lunada, cenamos y tenemos la suerte de encontrarnos con unos amigos que nos dan una botella de leche de vaca recién ordeñada. Para qué no pierda sus propiedades, pregunté en el camping y muy amablemente nos la hirvieron para que no se estropease. Después la mantuvimos en la nevera, bien fresquita. Otra noche más de relajación en el camping.

Al despertar desayunamos y nos ponemos en marcha hacia Liérganes.

Antes, aprovechamos que hace buen día y subimos a ver el Monumento a las Vacas Pasiegas, que se encuentra en el Alto de los Machucos. Un camino que une el Valle del Asón y el Valle de Miera a través de las localidades de Bustablao (Arredondo) y Calseca (Ruesga).

Un lugar donde en los días despejados se puede divisar Santander entre las montañas. Es interesante llevar unos prismáticos para poder disfrutar de las vistas.

Situado en la Comarca de Trasmiera, las aguas del Río Miera transcurren atravesando el municipio de Liérganes.

Junto al Río se encuentra la figura mitológica de El Hombre Pez.

El Puente Romano (que en realidad fue construido en el s.XVI) con “Las Tetas de Liérganes” de fondo es una estampa típica de esta pedanía.

Destacan las casas de piedra con balcones de madera, todos ellos adornados con flores (hay un concurso en el que se elige el balcón más bonito de cada municipio). Las calles empedradas y los callejones peatonales que por un momento te hacen sentir como en otra época.

Volvemos al camping y decidimos dar un paseo por la zona. La señoras del pueblo tienen los balcones y las plantas en el exterior de la casa cuidadas al detalle. Son una explosión visual de color que contrasta con las diferentes tonalidades de verde en la vegetación.

Una entrañable mujer nos anima a subir a la iglesia y ver las vistas que hay desde alli. Cual es mi sorpresa al descubrir pasando el Rio Miera una estampa de atardecer maravillosa. La temperatura es suave y aunque se veían nubes, ni rastro de agua.

Nos despertamos sabiendo que hay que “recoger el chiringuito”, como solemos decir, y desayunamos en el camping para así despedirnos hasta la próxima de estas gentes que además de tratarnos fenomenal, nos llevamos parte de todos ellos en el corazón. Mi perro también lo ha disfrutado muchísimo y seguro que está deseando ver de nuevo a sus amigos.

Estamos seguros de que pronto volveremos para seguir descubriendo nuevas cosas de estas tierras de Cantabria. Por cierto, ¿sabéis que nos prepararon para llevar (para comer en el camino)? Cocido Montañés. No podíamos irnos sin repetir este plato tan rico, y qué mejor forma de poder llevarlo, que en un taper para comer por el camino. Unas vacaciones redondas!

Por cierto, Buenísimo, ¿eh?.