ConKdeKilo La cocina y la escritura siempre a fuego lento

UNO DE LOS DÍAS MÁS FELICES DE MI VIDA, UN HONOR.

Todos tenemos nuestros sueños en la vida. Pues bien, uno de mis sueños era poder ir a comer a La Sopa Boba, en Alpedrete, en la Sierra Norte de Madrid.

Es muy difícil explicar la emoción que uno siente cuando admira el trabajo de otras personas. Es muy difícil, cuando ves lo que hacen y te emocionas viendo como transmiten. Cuando pruebas un plato sorpresa y te sorprende de verdad. Cuando sabes el trabajo que hay detrás, cuando ves la ilusión a través de él. Es un honor poder hablar de estas personas y decir sólo cosas buenas de ellas.

Me encantan las sorpresas, imagino que como a todo el mundo (sorpresas buenas, claro). Cuando vas a comer a un restaurante, pides una sorpresa y te sorprenden, se te ilumina la cara como a un niño abriendo un regalo el día de Reyes, de Navidad o en una ocasión súper especial. Es una sensación emocionante, y de eso se trata, de transmitir sensaciones con la cocina. De sorprender, de provocar emociones diferentes. Es un arte.

Una cocina creativa, diferente, arriesgada pero con lógica. Divertida, original, en una sola palabra, única.

El Chef Fernando Limón ha elaborado una carta variada y con personalidad. Un aperitivo muy agradable y fresco mientras elegimos los platos. Platos pensados para compartir experiencias, sabores, olores, texturas, sonidos,… (espectaculares las sardinas marinadas y ahumadas y las croquetas de calamares en su tinta).

Una experiencia para los sentidos y para hacernos viajar con su variedad de carnes exóticas (el kanguro buenísimo) e influencias orientales (chipirones laqueados a la manera del Chef). Productos súper frescos tratados con mimo. Postres variadísimos, deliciosos y sorprendentes (me encantó la maceta de chocolates con regadera, todo un trampantojo).

Los vinos, variados también en su origen y en su tipología. De ellos se encarga Teresa Serralta, esposa de Fernando y Sumiller de La Sopa Boba. Tomamos un vino extremeño que también nos sorprendió positivamente: “El gitano pelirrojo esperando sólo en la sala de urgencias”. Todo un descubrimiento.

Y qué mejor para terminar la comida (o la cena), que una copa para los que no conducen. En La Sopa Boba destilan su propia ginebra y crean su propia tónica, además de los cubitos de hielo (que en este caso también se hacen con tónica, decorados en su interior con fruta liofilizada o como lo probamos nosotros, con aleta de fugu).

Amabilidad, cercanía, un equipo estupendo, profesional. Te hacen sentir como en casa y en todo momento están pendientes de todo. Espectacular, simplemente puedo decir eso.

Un restaurante donde se ve la felicidad y la pasión por el trabajo bien hecho. Destacar también la originalidad de la decoración (con objetos cotidianos incrustados en el suelo, un lavamanos que parece una escultura decorativa en un jardín de piedra, las lámparas y paneles de colorines…).

Un placer poder disfrutar de esta experiencia y espero poder tener la oportunidad de repetir, para seguir sorprendiéndome con esta maravillosa e imaginativa cocina.

Agradecer por último su accesibilidad y atención, pues me han facilitado algunas fotos para el post y me han brindado su ayuda en todo momento. Un honor.

A vuestra disposición.

Muchísimas gracias.

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