Unas vacaciones diferentes….

Agosto, mes que nos trae cosas a la cabeza como: verano, calor, playas, sombrillas, chiringuitosVacaciones, en definitiva (para quien puede tomarse unos días de relax).

Aunque éste es el verano ideal para la mayoría, somos muchos (también) los que reservamos los días de playa para temporadas con menos masificación y decidimos plantearnos las vacaciones de forma muy diferente, huyendo a su vez del calor de las ciudades del interior.

Por eso, cada vez más gente, incluso familias al completo, optan por modelos vacacionales que combinan las rutas de montaña con las actividades de camping. Cambiar así las playas por los ríos, y los chiringuitos por tranquilos picnics rodeados de paisajes verdes, acompañados del rumor de las aguas del río y los sonidos de la naturaleza al caer la noche.

Nuestra aventura empieza en Santa Marina de Valdeón, en el Valle de Valdeón, provincia de León. Acampamos en el Camping el Cares, rodeados de montañas y del agua que las cruza.

Un maravilloso despertar, camping tranquilo y no excesivamente grande.

Dotado de todos los servicios necesarios y con un trato muy bueno, facilitandonos toda la información necesaria de la zona a visitar, así como diferentes rutas de senderismo y puntos de interés cultural. Además aceptan perros, por lo que viajar con tu mascota es un placer añadido. Es agradable cenar mientras se pone el sol y cae la niebla.

Decidimos realizar la Ruta del Cares desde Caín (León) a Poncebos (Asturias). Espectacular senda tallada en la montaña e impresionante desfiladero que recorre el río que lleva su nombre (Río Cares).

Una de las rutas de senderismo más bonitas de Europa. El desfiladero del Cares posee una orografia y un sustrato muy especiales, lo cual ha servido de refugio a muchas plantas a lo largo de los años y de los cambios climatológicos sufridos en los Picos de Europa a través de su historia geológica. De entre las especies de plantas que podemos encontrar cabe destacar el Espino, el Rosal Silvestre, el Madroño y las Encinas de El Cares, éstas últimas espectacularmente ancladas a las rocas.

Su fauna no es menos variada y además de el Lobo Ibérico (población que empezó a recuperarse en las últimas décadas del s.XX), podemos encontrar zorros, cabras montesas y aves protegidas como el Alimoche.

Recomendable entre semana para evitar las aglomeraciones de los fines de semana y días de fiesta. La ruta completa de ida y vuelta son aproximadamente 22 km. Aconsejable llevar agua suficiente para todo el recorrido así como comida. También calzado y ropa cómoda. Es aconsejable realizar la ruta los meses que no llueve y hace mal tiempo ya que el peligro de desprendimientos se advierte durante toda la ruta por la seguridad de los viandantes.

Desde Caín hacia Santa Marina de Valdeón hacemos una parada en un lugar de interés cultural. “El Chorco de los lobos”.

El Chorco es una antigua trampa para cazar lobos situada estratégicamente en el Monte de Corona, donde la espesura del bosque (poblado de robles, fresnos, tilos, olmos, arces…) y la presencia de ganado en los fríos meses de invierno atraían al depredador hambriento. La escarpada orografía del terreno, así como una rígida organización vecinal posibilitaban la captura del cánido. A principios del s.XVII (1610), las Ordenanzas de Montería (de obligado cumplimiento para los vecinos del Concejo de Valdeón), regulan el papel de los integrantes de la cacería: “por lo menos uno por cada familia y todos los varones de entre 16 y 65 años”. Así monteros, buscas, choceros, enramadores y espías (bajo la dirección de los monteros menores de cada pueblo y del montero mayor) coronaban la batida con éxito.

La población del Lobo Ibérico (canis lupus signatus), comenzó a recuperarse en las últimas décadas del s.XX, aunque de nuevo surgen los debates entre los que ven mermadas sus reses y los que quieren que se conserve la especie evitando matanzas como las que padecen estos bellos y salvajes animales de los que un día las montañas fueron su casa y el bosque y los pastos su despensa de alimento en los duros meses de invierno. Ojalá fuera posible un equilibrio para que no tengamos que lamentar la pérdida de una especie tan valorada en nuestra Península como lo es el Lobo Ibérico y que los ganaderos no sufrieran los ataques por parte de los cánidos.

Nuestra aventura nos lleva a Potes, en la Comunidad de Cantabria. El municipio más pequeño de la comarca de Liébana, aunque a su vez lugar estratégico en plena confluencia del Río Quiviesa con el Río Deva.

La mayor parte del pueblo posee cuestas muy pindias (con mucha pendiente) y casas con balcones de madera adornados con flores de diferentes colores, lo que hace de Potes un pueblo con un encanto especial.

Dedicados en su mayor parte al sector servicios, sus habitantes, gentes nobles y amables, viven rodeados de un paisaje tan envidiable como los Picos de Europa y los Valles de Valdeprado, Cereceda, Valdevaró y La Hermida.

Tienen una gastronomía basada en los productos de la zona, ya que además tienen un microclima que les permite tener huertas con hortalizas, legumbres, patatas y árboles frutales como las higueras o guindos. De éstos últimos se consigue el tan preciado Orujo de Potes o también conocido como licor de Guindas.

Merece la pena dar un paseo a lo largo del camino fluvial.

Los lunes hay mercado, lo cual es interesante por si nos encontramos por la zona y queremos comprar alguna cosa necesaria o productos típicos. La arquitectura monumental se completa con la bella Torre del Infantado y también la Torre de Orejón de la Lama. Cabe destacar también la Iglesia gótica de San Vicente.

Hacemos noche en el Camping San Pelayo, camping agradable, con todo tipo de servicios y piscina. Conviene llamar en fechas de vacaciones, pues tanto éste como los otros campings que se encuentran en Potes suelen tener bastante afluencia de campistas. El Restaurante está fenomenal, donde también se pueden comprar algunas cosillas necesarias, así como tienen una selección de algunos de los quesos de la zona y otros productos típicos.

Retomamos la carretera y nos dirigimos camino de Santander. Para llegar tendremos que pasar el Desfiladero de La Hermida, pero antes de llegar hacemos una parada en Lebeña, municipio cuya historia esta totalmente relacionada a la de su iglesia, Santa María de Lebeña, joya del arte mozárabe en España. Hay que decir que ni la torre que se encuentra a su lado, ni el pórtico por el que se tiene acceso a ella, ni la sacristía adosada a la pared norte de la nave izquierda son de la época de la que data la iglesia (que aunque no es totalmente seguro, se cree que la iglesia de Santa María de Lebeña se construyó hacia el año 924).

Proseguimos el camino a través del Desfiladero de La Hermida. Su sinuosa carretera hace si cabe más espectacular el paisaje rocoso. Llegamos a La Hermida, donde decidimos darnos un baño en el río. Podemos encontrar unas pozas de aguas termales donde es agradable darse un baño y seguir con nuestra ruta.

A medida que nos vamos acercando a la costa se empieza a notar más la humedad en el ambiente. Después de buscar entre unos cuantos campings en la costa (todos completos o con acceso prohibido a perros) encontramos un camping en Ajo, Camping Cabo de Ajo (cerca del faro) donde poder pasar una noche. Camping tranquilo más alejado de la masificación de la costa en zonas como Loredo, Somo… lo cual también hace imposible la aceptación de mascotas en la mayoría de los campings. Bastante nuevo, tiene todos los servicios necesarios en un camping además de piscina. Aunque acampamos cerca de la carretera, no es una vía muy transitada, por lo que no fue un inconveniente como pensamos en un principio.

No podíamos abandonar la costa sin pasar por El Puntal II a tomarnos una caña y unas rabas. Mítico sitio de raciones donde ponen unas de las mejores raciones de rabas, en mi opinión, de toda Cantabria. Solía pasar con mis padres y mi familia por allí a medio día al volver de la playa antes de comer a tomar el aperitivo. Se conserva tal y como lo conocí hace por lo menos 20 años, tiene un amplio comedor donde se puede comer de carta o el menú del día. Sin duda, un lugar que me trae muy buenos recuerdos a la cabeza.

Aconsejados por unos familiares (después de comernos una buena Marmita de Bonito con las maravillosas vistas de Peñacabarga), y puesto que nos encaminamos de nuevo hacia el interior de la Comunidad de Cantabria, hacia los Valles Pasiegos, decidimos acampar en el Camping Lunada, en San Roque de Riomiera.

He de decir que mi opinión de este lugar va a ser totalmente subjetiva, puesto que el lugar me ha atrapado tan positivamente, que no puede ser de otro modo. El lugar, un camping no muy grande rodeado completamente de árboles, de naturaleza en estado puro. El susurro de las aguas del Río Miera, el oxígeno puro, los sonidos de la naturaleza y los campanos (cencerros) de las vacas pasiegas durante la noche en las laderas, nos hacen dormir en un estado de relajación total.

Podemos darnos incluso un baño en unas pozas que hay en el río si caminamos un poco hacia abajo del mismo por un camino verde que va por la ribera. Es un lugar increíble donde no pasa el tiempo.

Al despertar desayunamos un café con leche y pedazo de bizcocho casero riquísimo y esponjoso. Cogemos el coche y nos dirigimos al Alto del Caracol, desde donde muy cerca sale el camino de la Ruta de las Cabañas Pasiegas. Un paseo muy agradable entre prados verdes, vacas y cabañas pasiegas. Algunas de ellas, nos llamó la atención, se vendían.

Nos acercamos hasta Selaya a comer. Comemos en el Restaurante El Español. Un buen lugar para probar el Cocido Montañes y la Chuleta de Ternera a la Piedra. Para rematar un tarrito de Crema Pasiega, un Orujo de Higos y café con leche. Un buen lugar para comer.

Nada mejor para bajar la comida que dar un paseo por el pueblo y acercarse a El Macho a comprar algunos productos típicos de la comarca: Sobaos, Quesada, algún queso típico (Quesuco Pasiego y Divirín), Mermelada de higos y avellanas y Guarnición Silvestre (de Vega de Liébana)… Algunas cosas que no puedes dejar de probar si te acercas por esta zona. Siempre elaborados de forma tradicional y con las mejores materias primas. Un privilegio para el paladar.

Segunda noche en el Camping Lunada, cenamos y tenemos la suerte de encontrarnos con unos amigos que nos dan una botella de leche de vaca recién ordeñada. Para qué no pierda sus propiedades, pregunté en el camping y muy amablemente nos la hirvieron para que no se estropease. Después la mantuvimos en la nevera, bien fresquita. Otra noche más de relajación en el camping.

Al despertar desayunamos y nos ponemos en marcha hacia Liérganes.

Antes, aprovechamos que hace buen día y subimos a ver el Monumento a las Vacas Pasiegas, que se encuentra en el Alto de los Machucos. Un camino que une el Valle del Asón y el Valle de Miera a través de las localidades de Bustablao (Arredondo) y Calseca (Ruesga).

Un lugar donde en los días despejados se puede divisar Santander entre las montañas. Es interesante llevar unos prismáticos para poder disfrutar de las vistas.

Situado en la Comarca de Trasmiera, las aguas del Río Miera transcurren atravesando el municipio de Liérganes.

Junto al Río se encuentra la figura mitológica de El Hombre Pez.

El Puente Romano (que en realidad fue construido en el s.XVI) con “Las Tetas de Liérganes” de fondo es una estampa típica de esta pedanía.

Destacan las casas de piedra con balcones de madera, todos ellos adornados con flores (hay un concurso en el que se elige el balcón más bonito de cada municipio). Las calles empedradas y los callejones peatonales que por un momento te hacen sentir como en otra época.

Volvemos al camping y decidimos dar un paseo por la zona. La señoras del pueblo tienen los balcones y las plantas en el exterior de la casa cuidadas al detalle. Son una explosión visual de color que contrasta con las diferentes tonalidades de verde en la vegetación.

Una entrañable mujer nos anima a subir a la iglesia y ver las vistas que hay desde alli. Cual es mi sorpresa al descubrir pasando el Rio Miera una estampa de atardecer maravillosa. La temperatura es suave y aunque se veían nubes, ni rastro de agua.

Nos despertamos sabiendo que hay que “recoger el chiringuito”, como solemos decir, y desayunamos en el camping para así despedirnos hasta la próxima de estas gentes que además de tratarnos fenomenal, nos llevamos parte de todos ellos en el corazón. Mi perro también lo ha disfrutado muchísimo y seguro que está deseando ver de nuevo a sus amigos.

Estamos seguros de que pronto volveremos para seguir descubriendo nuevas cosas de estas tierras de Cantabria. Por cierto, ¿sabéis que nos prepararon para llevar (para comer en el camino)? Cocido Montañés. No podíamos irnos sin repetir este plato tan rico, y qué mejor forma de poder llevarlo, que en un taper para comer por el camino. Unas vacaciones redondas!

Por cierto, Buenísimo, ¿eh?.